martes, 27 de marzo de 2007

No consigo olvidarlo. . .

No sé si me voy a mudar a trabajar al pequeño país del que hablaba el otro día, pero he decidido empezar a tirar todo lo que recogí de la calle para amueblar mi piso. Lugar donde todavía no he pasado una sola noche, a pesar de haberlo alquilado hace casi medio año. Hoy por la noche el opositor me ayudará a bajar a la calle todos los trastos que quedan y me da una tristeza enorme, ya que todos los subí con el dibujante .

Estoy de “novia” oficialmente con el opositor desde la semana pasada, (o algo que se le parece). Es decir que si a pasear, ir al cine, salir a comer y esas cosas le añadimos la sesión de sexo del otro día y de eso resulta salir, pues sí, estamos saliendo. Mi reacción física hacia él es rara, porque fuera del momento en el que me lo tiré, se me hace impensable abrazarlo o besarlo, ni siquiera tratarlo con cariño. El otro día me cogió de la mano, y mi primera reacción no fue de rechazo pero sí de profunda extrañeza, como si mi jefa o mi portero me hubieran cogido de la mano, pensé: “¿y esto a que viene?”.

Pensé que acostarme que acostarme con él me iba a ayudar. Pero sigo igual. Ya no llamo a su teléfono insistentemente, bajo un número oculto, pero me encuentro amenudo paseando por delante de su casa, sin querer. A la hora de comer, salgo del trabajo y voy a la facultad donde él estudia, a comerme un menú, “porque es más barato” me digo, me siento y como sola, y me doy pena y pienso que me estoy obsesionando.

viernes, 23 de marzo de 2007

No me decido

Hoy mirando el fotolog de una amiga he visto que recordaba aquella serie de cuando éramos adolescentes (éramos refiriéndome a los que vivimos en mi trocito del mundo) que se llamaba "De què vas?". Una serie malísima, francesa, traducida al catalán: el clásico instituto con los líos entre chicos y chicas. . . lo de siempre. La sintonia decía algo así como: "ei tú, de què vas, si no vull tenir pantxa ni estar un despatx, vull ser lliure i no estic pas somiant".

Ninguno queríamos tener panza ni estar en un despacho. Yo tampoco, yo quería y quiero divertirme. Me han ofrecido un trabajo de periodista, en un país cercano al mío, pequeñito, pequeñito. . . pero no me decido, tengo miedo a dejar mi estabilidad, el sueldo miserable del trabajo tranquilo y algo aburrido que tengo.

"No estic pas somiant", igual sí que estoy soñando, y me gusta vivir soñando que la aventura sería mejor, más divertida, que pronto me marcharé, que pronto llegará el momento. . . y así se me pasa la vida.

jueves, 22 de marzo de 2007

Sexo

Necesito sexo.

Y es horrible que eso te pase siendo una mujer, por muy "modernos" que seamos todos, no queda bien decirlo. Pero he de reconocer que es así, me explico: hasta hace poco estaba enrrollada con un hombre casado y, aunque en otros aspectos me hacía sufrir, tenía más de la dosis diaria de cama recomendada. Y a las cosas buenas una se acostumbra rápido. . .

¿Qué hacer ahora que vuelvo a estar sola?

Pues he tirado de mi querido opositor y me lo he tirado.

El domingo fuímos a dar un paseo playero y luego le invité a comer un arrocito a mi casa. Me puse a cocinar, él se sentó a mirar la tele: una escena demasiado familiar para mi gusto, así que dejé lo que estaba haciendo y (después de diez años de no querer darle ni un miserable piquito) me eché encima de él, comencé a besarlo, morderlo y a retorcerme sobre su verga como si me estuviera ardiendo el cuerpo por no tenerla dentro de mí. Rápido, rápido en el sofá, rápido, rápido a mi cama. . .

Me extrañó mi propia reacción, ¿cómo era posible que necesitara tanto estar con alguien cuando yo, medio monja hasta hace poco, he pasado años de sequía sexual completa sin ningún problema? Pero ahora, a mis 29 largos, ya no puedo reprimirme, mi cuerpo me lo pide y no veo porqué he de dejar de hacerlo. ¿Prq no estoy enamorada? ¿Prq le estoy dando a entender algo que no es? Pero . . . ¿cuantos hombres me han hecho lo mismo antes?

Inmediatamente después del primero, y sin dar tiempo a la revancha, fui a la ducha, me enjaboné y lavé el pelo, cantando satisfecha debajo del chorro de agua. El buen humor se me acabó cuando, al disponerme a salir del cuarto de baño, me di cuenta que tenía a alguien estirado en mi cama esperando a que yo fuera a abrazarlo y decirle lo mucho que me gustaba. . . yo que hubiera preferido apoltronarme sola en el sofá, comer el espectacular arroz que había preparado y ver la película de sobremesa.

Pero, “noblesse oblige”, soy una dama y él era mi invitado, así que lo senté rápidamente delante de la mesa : “vino o cerveza?”, le serví el primero, le serví el segundo, “fruta o yogurt caducado de postre, no tengo nada más”, “¿quieres café ¿no? yo tampoco” y “ay! me ha llamado mi amiga, necesito irme urgentemente a. . . pasear su perro y tomarnos una horchata, comprenderás que es una emergencia”.

Así que lo despaché en no más de una hora. Libre. Y lo peor de todo es que no me sentí mal por él, ni por tener que aguantarlo después (no fue tan grave), sino por el horrible descubrimiento que acababa de hacer: ahora sé cómo se sienten ellos, cuando tu esperas ternura y caricias, y ellos solamente están deseando que desaparezcas para poder sentarse delante de la play, ponerse a leer o llamar a los amigos (dependiendo del “tipo de tipo” del que se trate). Pero no lo hacen, te aguantan hasta que decidas marcharte porque, en el fondo, no son tan malos.

La verdad, lo que me deja triste es que, ahora que yo lo he sentido, no quiero que NADIE vuelva a tener esa sensación conmigo.

viernes, 16 de marzo de 2007

Mi opositor

Hoy voy a presentaros a mi opositor. Primero, definamos opositor: es aquel personaje que toda mujer que se precie debe tener en su vida. Un hombre que lleva años detrás de ella y que, por mucho que él haga, una ignora completamente. ¿Porqué ignoramos a nuestro opositor? No sé, tal vez sea esa entrega total dada de una forma tan inmediata y gratuíta que no nos resulta nada atractiva.

Yo tenía 19 años cuando conocí a mi opositor en una exposición de arte. No recuerdo haberlo visto, es él quien, tiempo después me dijo cuándo y como nos presentaron, recordando mis palabras, mi ropa, mis gestos . . Han pasado los años y opositor siempre ha estado ahí: vamos a cenar, al cine . . . Nunca me presenta a sus amigos pero, si por casualidad ha de hacerlo, siempre se me quedan mirando muy intensamente, seguramente pensando : "pues es más bien feíta", y luego esperando a que yo abra la boca y los impresione, lo hago, y lo que en realidad los deja atónitos es que yo he dicho una frase muy normal, de conversación de ascensor, y se van pensando "¿que tendrá esta tía?".

He llegado a la conclusión que yo no tengo nada, es él. Es mi opositor que me ha tomado como su afición, su hobby, como al que le gusta coleccionar sellos o ver películas de artes marciales. . . Así que el juego está en siempre decirle que no, y así él, sigue intentandolo que por lo visto es lo que le gusta.

Pero. . . lo malo de estar bordeando los 29 + 1 (que de eso va este blogg) es que una empieza a pensar que las posibilidades de vida romántica cada vez se le acortan. He visto muchos, como opositor, que con veintipocos no son gran cosa, pero que pasada la treintena facilmente encuentran una niña mona de veinticinco (eso a nosotras no nos pasa, que rabia ¿no?).

Ayer vino a mi casa a ver "El tercer hombre" que gran película. Que guapo que está Orson Wells (y delgadito!) cuando le ilumina la luz de la ventana y, por fin, se le ve la cara. Me acariciaba los pies, me decía lo bonita que era, me tocaba la cadera y . . . no sé si es que desde mi ultimo fracaso sentimental (hace casi un mes) no he vuelta a "gozar de los placeres de la carne" o si opositor empieza a parecerme una opción válida, cómoda y segura como pareja para la próxima década.

No sé, ya veremos. . .

jueves, 15 de marzo de 2007

29 + 1

No pensé que llegarían tan pronto. . . Pero sí, mi madre dió a luz el día de las primeras elecciones democráticas en España. Eso quiere decir que en 1977, yo Güini, vi por primera vez la luz del día. Vaya frase más manida. En fin, que me aterra cumplir los treinta y aunque me quedan unos meses parece que llevo los últimos dos años esperando la fatídica fecha. 3 meses y la razón para empezar este blog.

¿Qué pasa con el cambio de cifra? No sé, parece que estés obligado a hacer una valoración de lo que has conseguido, de lo que no. Que dejas de ser joven para ser . . . ¿un adulto? ¿más que un adulto?

Y lo cierto es que empiezo a pasear por la calle y veo chicas que llevan ropa que me gusta y miro sus caras y me doy cuenta que han de ser por lo menos cinco años más jóvenes que yo. Empiezo a preguntarme si esa camiseta del Bershka no me está ridícula, si mi tonito jovial al contestar el teléfono en la oficina no estará dando un poco de risa.

Hasta me siento incómoda con mi manera de caminar.

No quiero tener 30, no soy yo. . .